25/9/10

La Merced


¡ FELIZ DIA DE NUESTRA MADRE !

10/6/10

RETIRO PARA JULIO.


¡¡¡Nuevo gobierno general de la Orden de la Merced!!!

Próximo retiro vocacional:
- Iglesia de la Merced
- 8:30 a.m.
- 10 de julio del 2010

¡ ACOMPÁÑANOS !

7/5/10

MERCEDARIOS EN EL SIGLO XXI


PROXIMO RETIRO VOCACIONAL
15 de mayo a las 8:30 a.m.
en la Iglesia de la Merced
Antigua Guatemala

4/5/10



SAN PEDRO NOLASCO
RUEGA POR NOSOTROS

18/4/10






RETIRO
ABRIL
DEL 2010
¡¡¡JÓVENES QUE SIGUEN A
JESÚS!!!

3/3/10

Próximo retiro vocacional: Iglesia de la Merced, Antigua Guatemala, 8:30 a.m., 15 de MAYO del 2010. Pueden asistir muchachos (as) de 15 años en adelante.
¡ CRISTO TE ESPERA!

14/2/10

Retiro Vocacional


Todos los segundos sábados de cada mes realizamos retiros para jóvenes en la Iglesia de la Merced de la Antigua Guatemala, te invitamos a participar de ellos, ven a descubrir lo que Dios quiere de tí. ¡ CRISTO TE LLAMA !

2/2/10


¿TENGO VOCACIÓN?


Vocación

Uno de los grandes retos que deberás enfrentar en tu vida es el de encontrar tu lugar en la sociedad y en la Iglesia. Para ti, que buscas tu vocación, describiremos siete pasos que te pueden ayudar a discernir el proyecto de Dios que te tiene preparado. Aunque nos referiremos directamente a las vocaciones consagradas (en la vida religiosa, en el sacerdocio, etc.), los pasos que enumeraremos se pueden aplicar para el discernimiento de cualquier vocación, estado de vida o profesión.

Los jóvenes sienten más que nunca el atractivo de la llamada «sociedad de consumo», que los hace dependientes y prisioneros de una interpretación individualista, materialista y hedonista de la existencia humana. De aquí el rechazo de todo aquello que sepa a sacrificio y renuncia al esfuerzo de buscar y vivir los valores espirituales y religiosos.

Describiremos aquí el proceso por medio del cual se puede llegar a discernir el llamado de Dios; enumeraremos siete pasos que te ayudarán a descubrir el proyecto de Dios, para toda respuesta vocacional.

1. ORACIÓN


«¿Qué debo hacer, Señor?» (Hch 22,10).

La Vocación no es sólo lo que tú quieres ser y hacer, es ante todo lo que Dios quiere que tú seas y hagas; no es algo que tú inventas, es algo que encuentras; no es el proyecto que tú tienes sobre ti mismo, es el proyecto que Dios tiene sobre ti y que tú debes realizar. Por eso, para descubrir tu vocación, lo primero que debes hacer es dialogar con Dios: orar. Sólo mediante la oración podrás encontrar lo que Dios quiere de ti. En la oración, el Espíritu Santo afina tu oído para que puedas escuchar: «Habla, que tu siervo escucha» (Is 3,10). Sólo en el diálogo con Jesús podrás oír su voz que te llama: «Ven y sígueme» (Lc 18,22); o bien, escucharás que te dice: «vuelve a tu casa y agradece lo que Dios ha hecho por ti».

2. PERCEPCIÓN


«Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía» (Jr 20,9). Para poder descubrir lo que Dios quiere de ti, tienes que aprender a escuchar, estar atento, experimentar. Para esto, necesitas saber hacer silencio en torno a ti y en tu interior. El ruido te impedirá percibir. Está atento a todo, a tus deseos, a tus miedos, a tus inquietudes, a tus proyectos.

Escucha a todos: a los que aprueban tu inquietud, a los que la critican. Dios se vale de diversos intermediarios para hacerte oír su voz. Escúchate a ti mismo: ¿A qué se inclina tu corazón? ¿Qué es lo que anhelas? Aprende a mirar a los seres humanos que te rodean, ¿qué te está diciendo Dios a través de su pobreza, de su ignorancia, de su dolor, de su esperanza, de su necesidad de Dios...? Escucha al Padre que, a través de la historia concreta de los hombres, te revela la manera como quiere que colabores en la instauración del Reino.

Revisa tu historia. ¿Por qué camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles son los acontecimientos más importantes de tu vida? ¿De qué manera Dios ha estado presente o ausente en tu vida? ¿Qué personas concretas han sido significativas para ti? ¿Por qué?

Contempla el futuro. ¿Qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes solo una vida, ¿a qué quieres dedicarla por completo? Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son signos de una verdadera vocación consagrada, o bien son manifestaciones de que Dios quiere que, como laico, intensifiques tu vida cristiana. Solo si aprendes a escuchar, a mirar y a estar atento, podrás descubrir los signos de la llamada de Dios. En este nivel podrás llegar a decir: «Tal vez Dios me esté llamando», «siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios».

3. INFORMACIÓN


«Observad cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra, fértil o estéril, con vegetación o sin ella» (Num 13, 18-20).

Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. No es suficiente querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus hermanos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas. Tal vez quiere que lo sirvas como miembro de una congregación religiosa, como sacerdote, etc.

Para descubrir el lugar en el que Dios quiere que estés, es necesario que conozcas las diversas vocaciones. Debes saber cuál es la espiritualidad que viven los sacerdotes o las diferentes congregaciones, y que veas por cuál de ellas te sientes atraído. También tienes que conocer cuál es su estilo de vida: No es lo mismo una congregación contemplativa, que una de vida apostólica como nosotros los Mercedarios. Asimismo, debes tener un conocimiento de su misión en la Iglesia, y por medio de qué actividades apostólicas la realizan: misiones, enseñanza, hospitales, pastoral penitenciaria, dirección espiritual, promoción vocacional, predicación de ejercicios, medios de comunicación, etc. Debes saber también quiénes son los principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, sacerdotes, pobres, enfermos, encarcelados, niños, religiosos, etc.

Aunque ordinariamente cuando se siente la inquietud vocacional se siente también el atractivo por una vocación específica. Vale la pena dedicar algunas horas a informarte más a fondo sobre esa vocación y otras. Y aunque al final te decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo empleado en informarte no habrá sido desperdiciado. En este nivel podrás decir: «Posiblemente Dios me está llamando a ingresar en esta congregación».


4. REFLEXIÓN


«¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’» (Lc 14, 28-30).

La vocación es una empresa demasiado grande; ¡y es para toda la vida! Por eso, no te puedes lanzar a ella sin antes haber reflexionado seriamente, y con la debida calma, sobre ti y sobre la vocación que pretendes seguir.

Debes reflexionar sobre cuáles son tus capacidades y limitaciones; serás capaz de ser fiel a los compromisos que implica la vocación; en qué signos concretos te basas para pensar que Dios te llama; qué es lo que más temes de la vocación; cuáles son las razones en favor y en contra que tienes para emprender ese camino; qué es lo que te atrae de ese estado de vida, y qué es lo que te gusta de él.

Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento de su voluntad. El quiere que tú pongas en juego tu inteligencia y tu capacidad de reflexión y juicio para que puedas encontrar tu vocación. Él te da la luz de su Espíritu Santo para que descubras qué es lo que quiere de ti. No debes pretender, ilusoriamente, tener en mano un contrato firmado por Dios, en el que revela su plan sobre ti, y de esa manera poseer la evidencia de su llamada. Lo que encontrarás serán signos que te indiquen cuál podría ser la voluntad de Dios; signos que deberás descifrar para tener la certeza (más no la «evidencia») de su llamada. En este nivel llegarás a decir; «creo que Dios me llama»; «creo que, con la ayuda de Dios, podré responder».

5. DECISIÓN

«Te seguiré vayas donde vayas» (Lc 9, 57).

Una vez que vayas descubriendo qué es lo que Dios quiere de ti, no te queda sino dar el paso, decir «sí», decidirte seguir a Jesús.


Tomar tal decisión es difícil. Ante la opción sentirás todos tus miedos, incertidumbres y limitaciones: «¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho» (Jr 1,7). Y sin embargo, a pesar de todas tus limitaciones, o mejor, con todas ellas, has de responder al Señor, como Isaías: «Aquí estoy, envíame» (Is 6,8); debes decidirte como María: «Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho» (Lc 1,38).


Llegar a tomar una decisión con la cual comprometerás toda tu vida, no sólo es difícil; es una gracia. Debes pedirle al Espíritu Santo esa capacidad de respuesta. No afrontar la decisión equivale a dejar correr tu vida, desperdiciarla. Para iniciar el camino de la vocación, no esperes tener la evidencia de que Dios te llama; te debe bastar tener la certeza moral en su llamada.


Es necesario querer seguir radicalmente a Jesucristo: «Sí, quiero seguirte». Tal vez tengas dudas si llegarás al final, si podrás con las exigencias, etc.; pero de lo que no puedes dudar es de tu decisión; debes estar seguro de lo que tú quieres. En este nivel podrás decir: «quiero consagrar mi vida a Dios en el servicio de mis hermanos».

6. ACCIÓN


«Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y lo siguieron» (Cf. Mt 4,21-22).

Una vez decidido: ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo; lánzate con miedo. La decisión se debe concretizar en la acción. Debes poner todos los medios que estén a tu alcance para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación de diferir el ingreso: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero...» (Cf. Lc 9, 59-61).

Con la decisión has comprometido todos los momentos posteriores; ahora se trata de buscar cómo ser fiel. La única manera de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día. Tienes que vivir todo momento en coherencia con lo que has decidido; cada paso debe ir dirigido hacia la meta. Y, ¿cuando venga la dificultad? Perseverar.


El camino emprendido es difícil. Hay que estar dispuesto a todo, a pasar momentos bunos y no tan buenos, a enfrentar cualquier dificultad. Jesús no te ofrece otra cosa; «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lc 9,23).


¡Claro que el sendero es arduo y pesado!; pero tienes en ti la fuerza del Espíritu Santo, y María te acompaña e impulsa a recorrer el camino que Jesús ha trazado. Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo la de hoy; y así cada día. En este nivel deberás de decir, como Pedro: «nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mt 10,28).

7. DIRECCIÓN ESPIRITUAL


«Levántate y vete a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas» (Hch 22,10).

En realidad, la dirección espiritual no es un paso más en el proceso de discernimiento de tu vocación; es un recurso que debe estar presente en cada uno de los pasos anteriores. El director espiritual te motivará a orar y estar abierto a percibir los signos de la voluntad de Dios; te indicará dónde obtener la información y te ayudará a reflexionar. Te dejará sólo ante Dios para que libremente decidas tu vida. Te ayudará a que te prepares convenientemente para ingresar en la institución elegida. Su oración y vida de santidad te alcanzarán del Espíritu Santo la luz necesaria para que descubras tu vocación y la fuerza para seguirla. La Palabra de Dios dice: «Para obtener un consejo recurrí siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda los mandamientos, cuya alma es como tu alma, y que si caes, sufrirá contigo» (1 Sam 37,12).


Si bien es cierto que la vocación es una llamada que Dios te hace, y que nadie puede escucharla por ti ni responder a ella en tu lugar también es cierto que tienes necesidad de un director espiritual que te acompañe en tu camino de discernimiento vocacional y confirme la autenticidad de tu llamada.

Es fácil hacerse ilusiones y creer que es llamada de Dios lo que en realidad es solo un deseo subjetivo. Acudir al director espiritual es un acto de humildad; es aceptar que no tienes el monopolio de la voluntad de Dios sobre ti; es aceptar la mediación de un hombre de Dios, representante de la Iglesia, para descubrir el plan que Dios tiene para ti.

Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damasco, le dijo que fuera con Ananías, que este le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Cristo mismo hubiera podido decirle directamente a Pablo qué quería de él, sin embargo, quiso valerse de la mediación de Ananías para hacerle descubrir su vocación (Hch 22, 10-15).

En el discernimiento de la voluntad de Dios sobre ti, no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia. Discernir lo que Dios quiere de ti, no es fácil, pero tampoco es algo imposible. Si con sinceridad y humildad te pones a buscar la voluntad de Dios, y realizas los pasos que aquí se te han sugerido creemos que podrás encontrarla.

Dios quiera revelarte su proyecto para ti. Es Él el más interesado en que tú descubras y realices tu vocación. Ojalá sea tu vocación la redención de los nuevos cautivos dentro de la Orden de la Merced. ¡ÁNIMO!


(Pastoral Juvenil http://www.mercedaragon.org/ )

17/1/10

¡ CELEBRACION !


Hoy los mercedarios celebramos los 775 años de la aprobación pontificia de nuestra Orden, 17 de enero de 1235.

5/1/10

Comunidad del Noviciado.


¡ Feliz Año Nuevo 2010!

31/12/09

SAN PEDRO NOLASCO



Novicios mercedarios.



Una de las etapas de la formación mercedaria se llama NOVICIADO, actualmente los formandos de la Vicaría de centroamérica hacen esa etapa en España, en el Santuario de San Ramón Nonato.

30/12/09

Direcciones de nuestras casas!!!



JOVEN
Cristo te llama a seguirle en la Orden de la Merced… ¡Escúchalo!

CONTACTANOS:
GUATEMALA
Iglesia de S.M. Capuchinas
10a. Avenida 10-51
También se atiende la Iglesia de Belén
13 calle 10-09
Zona 1 – Guatemala
Teléfono:
2238- 2126

Iglesia de la Merced
6 Ave. Norte, 1ª.Calle Poniente
03003 - Sacatepéquez
Antigua Guatemala
Telf. 7832-0559

Seminario San Pedro Nolasco
Sector A-10, Manzana N
01057 - Lote 9, Ciudad San Cristóbal Mixco
Guatemala
Tel.2443-3174

EL SALVADOR

Parroquia Ntra. Sra. De la Paz
Ciudad Merliot
Jardines de la Hacienda
Av. La Quebrada 128
Santa tecla
El Salvador. C.A.
Telf. 2289-3480

PANAMA

Parroquia Ntra. Sra. De Fátima
Calle 26, Oeste
5732 - Panamá -2
Telf. 228 44 57

Parroquia Ntra. Sra. de la Merced
C/ 10ª. 5-47
1412 - Panamá -1
Telf. 262 29 11


caminomercedario@gmail.com

26/12/09



PRIMEROS AÑOS DE NUESTRA HISTORIA

La Merced es clamor de libertad. Es apostar por el hombre, amar sin reciprocidad, anteponer al otro, dar la vida en caridad. A primeros del siglo XIII se agudiza patéticamente la monstruosidad del cautiverio. Las guerras de reconquista, el corso y la piratería, las redes de explotadores hacen de la esclavitud pingüe y siniestro negocio. Miles y miles de cristianos caen en poder de enemigos de su fe, vejados, degradados y tentados de apostatar. El cielo quiere intervenir, va a operar una segunda redención, similar, según la reflexión mercedaria, a la realizada por Cristo. Mas la Trinidad santa necesita de un hombre, del instrumento. Y lo encuentra en Pedro Nolasco. Es un veinteañero barcelonés, predispuesto por una exquisita probidad y la más primorosa sensibilidad social. Con él creció la misericordia , encomian los hagiógrafos. Porque Pedro Nolasco valora a Dios como razón suprema de su vida, pero desde ahí descubre a todos los hombres como hermanos, personalizando una apasionada debilidad por los más pobres y desgraciados . La llamada le llegó por sorpresa, del Dios que siempre sobrecoge y desborda a los que solicita. Pedro Nolasco venía de una familia de mercaderes, que, emprendedores y arriesgados, entendían en exportar tejidos, lana, lino, azafrán, miel; en traerse productos exóticos. Buena escuela para forjar a un líder. Aún adolescente se enroló en el quehacer familiar, y ahí lo esperaba el Señor.

El varón de Dios, mercader óptimo, justo, piadoso, muy compasivo y misericordioso, según uno de sus primeros historiadores, se halló un día de 1203 ante los cautivos. Ocurrió en la Valencia aún mora. Y quedó horrorizado, tocado; persuadido de que no existía colectivo más mísero, más desesperado, más hundido, más degradado, más olvidado, más indefenso, más vulnerable. La opción surgió instantánea. Ellos serán su vocación, la razón de su vida, la respuesta a su fe. Por lo pronto gastó allí mismo lo que tenía, cuanto pudo juntar. Le alcanzó para comprar a trescientos, dejándolos ir libres. Pero no se quedó ahí.


Se enfangó en la tarea. Al esclavo había que comprarlo, romperle las cadenas, alimentarlo, sanarlo, vestirlo, conducirlo, reciclarlo, mantenerlo hasta que se valiera. Por eso no le importó dar por los cautivos todo cuanto tenía, dinero, y casa, y negocio, y familia en 1203; para luego ir gastando en ellos y para ellos su vida, su talento, su tiempo, su amor, su cada día. Con veintidós, veintitrés años, Pedro ha quedado pobre. Su pródiga caridad le ha llevado a la miseria. No tiene nada, ni aún techo que le cobije. Y la penuria lo aboca al lugar de los indigentes de Barcelona, el hospital de Santa Eulalia, el albergue, la casa de acogida para los mendigos, los vagabundos, los sin techo, los muertos de hambre; mantenida por el Cabildo catedral. Refiriéndose a período, enmarcado entre los años 1203 y 1218, el padre Nadal Gaver precisa que el devotísimo varón Pedro de Nolasco, domiciliado en la ciudad de Barcelona, estuvo largo tiempo dedicado a Dios, entregado a obras de misericordia, especialmente a redención de cautivos, y suplicando al Señor que le manifestase lo que a Él le fuese grato y aceptable para ganar el reino de los cielos.

Le van llegando colaboradores. Practica la caridad cotidiana en el hospital de Santa Eulalia. Y sigue a la escucha, entre los pobres. Es desde ahí donde Dios habla más fuerte. La noche del primero de agosto de 1218 fue su día de gracia. Se le presenta la Madre de Cristo, para anunciarle que Dios , Padre, Hijo y Espíritu Santo, por su gran misericordia y por la gran caridad con que aman el género humano, quieren fundar y establecer una orden que se llame orden de la Bienaventurada María de la Merced de la redención de cautivos cristianos, para que sus frailes visiten y rediman a los cristianos cautivos en poder de los enemigos de la fe. María es la embajadora de la Trinidad, pero a su vez Ella se implica, como Madre del Salvador, en la nueva acción redentora. No es mera emisaria, es la madre, la fundadora, la promotora por medio de una advocación de hondura teológica, raigambre bíblica, atractivo hechicero; un rostro nuevo de María, ternura divina para los pobres, los marginados y los cautivos. María de la Merced.


A Pedro Nolasco le resultó sumamente fácil dar el paso. Se esperaba. El Rey, el Obispo, la nobleza, el clero, el pueblo, todos querían que institucionalizara lo que tan prodigiosamente venía realizando quince años ya. Le bastó comunicarse con el obispo Berenguer de Palou y con el rey don Jaime I el Conquistador, para que, en pocos días, estuvieran ultimada la institución, que se efectuó el inmediato 10 de agosto de 1218 con el lustre de los grandes acontecimientos, en olor de multitudes alborozadas. Se escogió la fiesta más cercana, la solemnidad de san Lorenzo, un buen marco por lo jubiloso de la jornada y porque el signo martirial del Santo definía a la Religión redentora que nacía. Se ofició en el altar mayor de la barcelonesa catedral de la santa Cruz , significándose que movía a los fundadores un gran amor a Cristo, que con su preciosa sangre nos rescató; ante el emblemático sepulcro de santa Eulalia, la virgencita barcelonesa inmolada en aras de la fe. Al lado de Nolasco se halló el rey don Jaime, que otorgó a la Orden el propio escudo real, constituyendo a Pedro Nolasco y a sus frailes en familiares del monarca y protegidos de la corona; siendo tan protagonista que la cancillería real y nuestros historiadores antiguos lo llamaron el fundador.

Pero más definitiva aún resultó la presencia el obispo Berenguer de Palou, promotor canónico, cabeza de la Iglesia barcelonesa y de su Cabildo catedral y, por canciller del Reino, mentor del Príncipe que no contaba sino diez años. El Prelado vistió túnica, escapulario, capucha, capa de color blanco a los nuevos frailes, les asignó la regla de San Agustín como norma de vida y les impuso la cruz blanca en campo rojo agregándolos al Cabildo catedral. Ambos jerarcas, en cuanto patronos y fundadores, dotaron a la Orden con una parte del palacio real para vivienda, don Jaime; con el hospital de Santa Eulalia y sus rentas, don Berenguer.

Pedro Nolasco tenía clara la llamada singular del cielo; por eso prometió e hizo prometer a sus doce pioneros que renunciaban a la familia, entregaban su propia voluntad, vivirían pobremente. Pero además, porque los suyos habrían de emprender largos viajes, habérselas en situaciones de riesgo, jugarse muchas veces la vida, y porque para eso sólo valen los capaces de asumir que su vida no les pertenece, los que quieran dar sobre sí mismos tal derecho a los cautivos, juró e hizo jurar solemnemente en el altar de santa Eulalia, ante la Ciudad, la Iglesia y la Corona que estaban prontos a quedarse en rehenes por los cautivos y a morir por ellos; alegremente dispuestos a poner la vida, si fuera menester, como Jesucristo la puso por nosotros.